Frente al Trump que patalea, el Biden que hace: el sprint legislativo del presidente de EEUU

by Ehsan

Frente al Trump que patalea, el Biden que hace: el sprint legislativo del presidente de EEUU

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Joe Biden, flanqueado por Kamala Harris y Nancy Pelosi, en su primer discurso sobre el Resto de la Unión, el pasado marzo, en el Capitolio.  (Foto: Saul Loeb vía AP)

Joe Biden, flanqueado por Kamala Harris y Nancy Pelosi, en su primer discurso Resto de la Unión, el pasado marzo, en el Capitolio. (Foto: Saul Loeb vía AP)

Joe Biden, flanqueado por Kamala Harris y Nancy Pelosi, en su primer discurso sobre el Resto de la Unión, el pasado marzo, en el Capitolio. (Foto: Saul Loeb vía AP)

Donald Trump y sus escándalos acaparan los titulares sobre Estados Unidos de estos días. Registros, leyes violadas, gritos, amenazas, mucho ruido. Pero bajo todo ese circo, va actuará paso a paso la Administración de Joe Biden, a ritmo superior al de sus predecesores y en un momento notablemente más complejo. Heredó un pays en plena pandemia, dividido hasta las raíces, y ha sumado las consecuencias de la guerra de Ucrania y, sobre todo, la inflación, pero aún así está logrando impulsar algunas leyes históricas, cosiendo mayorías que parecían imposibles y poniendo el foco en emergencias nacionales.

El presidente de EEUU ha sido criticado por su edad, por sus aparentes despistes o desbarres, pero ahí va, cumpliendo su programa y transformando el país. Este impulsivo legislativo aún no ha calado en la población, según las encuestas, cuando el 8 de noviembre han de celebrarse las elecciones de mitad de mandato (Medio camino), y por eso ahora se va a echar a la carretera a explicar la importancia de lo hecho. Si no se mantiene la actual estabilidad en el Senado y en la Cámara de Representantes, se impide la entrada en vigor de las normas y se suspende la legislatura.

Lo importante y lo simbólico

Solo en su primer año, Biden abordó allí los retos más básicos de su Gobierno: el coronavirus, la situación económica y la estabilidad democrática. Los números hablan: presentaron tres leyes de peso -actualmente se han elevado a seis, con un impulso importante en agosto-, cuando Trump descubrió una (para que las grandes corporaciones pagasen menos impuestos), Barack Obama dos (un plan de rescate y el Obamacare, su propuesta de atención sanitaria), y George W. Bush hicieron cuatro (la Ley Patriótica tras el 11-S, una de impuestos, otra de ayudas al estudio para niños, la del aborto y la reforma del Medicare).

También gana con los decretos firmados ejerciendo su potestad ejecutiva: 77 en sus 12 primeros meses, y 19 más y en 2022, según el Registro Federal. En un año superó los 58 de Trump y en el mismo periodo los 41 de Obama y los 56 de Bush.

Números, importantes, van de la mano de contención. A los dos meses de llegar a la Casa Blanca, Biden promulgó el Plan de Rescate Estadounidense, un paquete de 1,9 billones de dólares, una de las leyes más importantes en décadas destinadas a impulsar la recuperación económica provocada por el covid-19. Incluyó costos de estímulo de 1,400 dólares por persona para aproximadamente el 90% de los hogares estadounidenses, porque este shock tuvo un impacto universal, también en las clases media, y contempló una federal de 300 dólares en los subsidios semanales por desempleo y una expansión del credito tributario por hijos de hasta 3.600 dólares por niño, entre otras medidas.

Estos mismos, Biden también reafirmó leyes que extendieron el alivio económico durante la pandemia, articulados que hay quien suma aparte y quien incluye en este paquete coronavirus. Así, amplió el Programa de Protección de Pago de Cheques, un esfuerzo «clave» del Gobierno para proporcionar a las pequeñas empresas a las que la pandemia afectó, y la Ley de Extensión de Alivio de Bancarrota, que amplió igualmente las disposiciones temporales del Norma previa 2020.

A finales de mes, pero en noviembre pasado sacó adelante la Ley de Inversión en Infraestructuras y Empleos, que inyectó 1,2 billones de dólares para levantar infraestructura «dura» tradicional, como la llamó el presidente. Tiene 550.000 millones en nuevas inversiones federales para carreteras, puentes, redes de transporte público, ferrocarriles, aeropuertos, puertos y vías fluviales por todo el país. El paquete incluye también 65.000 millones de dólares para mejorar la infraestructura de banda ancha y al menos 25.000 a la red eléctrica y los sistemas de agua. Otros 7.500 millones se destinarán a establecer una red nacional de transportistas de carga de vehículos eléctricos.

En diciembre terminó un proceso, iniciado hace un año, para evitar el cierre del gobierno federal y mantenerlo operando. Fue in extremis, tras sudar la gota gorda, pero terminó con un callejón sin salida sur las objeciones de algunos senadores republicanos a los requisitos de Biden sur la vacuna contra el covid-19 que amenazaban con llevarse por delante la Administración. Biden ha concretado un proyecto de ley que aumentó la tecnología de la deuda nacional en 2,5 billones y lo extenderá hasta 2023, dando más tranquilidad y estabilidad. Y hecho, de forma complementaria, dos disposiciones de emergencia para la financiación en julio y septiembre de este año: la Ley de Ampliación de la Financiación del Gobierno y de la Entrega de Asistencia de Emergencia, así como la Ley de Asignación Suplementaria de Seguridad de Emergencia.

Hay dos normas más que Biden sacó adelante en su primer año, de menor calado social o económico pero muy simbólicas: la Ley del Día de la Independencia Nacional Juneteenth, que establece el 19 de junio como festivo nacional para conmemorar el fin de la esclavitud en El país, y la Ley de Prevención del Trabajo Forzado de los Uigures, que prohibió las importaciones de la región china de Xinjiang, donde persigue indiscriminadamente a esta minoría musulmana.

Entre los decretos, que también son ación legislativa, destacan los impulsados ​​​​para revertir la era Trump

La revolución de agosto

Ha sido ahora, coincidiendo con la nueva tormenta de Trump y los registros del FBI cuando el presidente democrata ha dado el mayor impulso a su legislación. El primer día en el Despacho Oval ya se quitó 17 medidas que no le gustaron, revirtiendo lo hecho por su antecesor, y luego abordó los nuevos requisitos de vacunación contra el covid-19, la plus de procesos burocráticos obsoletos y el control de armas, con la primera legislación en el país de Bill Clinton. Ahora Biden ha hecho un sprint legislativo, el más importante de la legislatura en número y trascendencia.

Lo más importante ha sido la aprobación de la Ley de Reducción de la Inflación, un «hito», como la llaman sus compañeros de partido, «una de las leyes más significativas de nuestra historia», en palabras del presidente. En 15 días se desbloqueó con una negociación digna de Castillo de cartas. Contemplando más de 400.000 millones de dólares en nuevas inversiones, así todas centradas en dar un impulso a la industria de la energía verde y reducir las emisiones y suponer la mayor inversión pública frente a la crisis climática en la historia del país. Creemos que servirá para reducir las emisiones contaminantes del país en un 40% al 2030 respetando los niveles de 2005.

Mete mano también a los más poderosos, con un impuesto mínimo del 15% a las compañías con beneficios superiores a los 1.000 millones de dólares -que ha indignado a los republicanos y con el que se hopera recaudar 700.000 millones de dólares-, mientras que se reforzará la agencia de impuestos recaudados para hacer más difícil evadir el pago de impuestos. Hoy se dejan de cobrar unos 160.000 millones, según cálculos del Ejecutivo. Y no se olvida de la sanidad: prevé reducir el gasto en sanidad de los ciudadanos, que pagan entre dos y tres veces más que los ciudadanos de otros países por los medicamentos recetados.

Todo esto le ha valido el calificativo de «socialista» y hasta de «comunista» por parte de sus detractores. La bandera del demonio rojo rescatada en tiempos de elecciones.

Además, aprobó la ley para estimular el desarrollo y la producción de semiconductores o Ley Chip, que consideró una inversión total de 280.000 millones de dólares para recuperar la competencia internacional en el sector. 52.700 de estos millones están destinados a fomentar la construcción y expansión de fábricas nacionales de semiconductores con subsidios y créditos adicionales. Se calcula que sólo fabricando nuevas fábricas y oficinas para el sector se pueden crear un millón de puestos de trabajo en seis años. La diana es China, de la que depende el mundo por la enorme producción de estos chips, más aún en tiempos de chocque con Pekín por Taiwan, uno de los mayores productores del mundo, que podría verter bloqueado.

Completa Biden su podio legislativo con una norma de enorme importancia para él, la quejora la cobertura sanitaria de los veteranos de guerra de EEUU. Culmina con este texto una batalla de años para garantizar el tratamiento de enfermedades crónicas que los veteranos han atribuido a los pozos de combustión, que se utilizaron para elimiar productos químicos, neumáticos, plásticos, equipos médicos y desechos humanos en bases militares estadounidenses . Las estimaciones de las tropas afectadas ascienden a 3,5 millones.

Es especial para Biden porque su hijo mayor, Beau, murió en 2015 de cáncer, años después de servir en Irak. El costo de su tratamiento fue muy elevado y ni siquiera su poderosa familia hubiera podido hacerle frente sin hipotecarse. Para evitar que vendieran su casa, fue Obama -con quien Biden fue vicepresidente- el que ayudó económicamente a los Biden. “Te lo debemos”, dijo el ahora presidente. “Eres la columna vertebral. Eres el acero. Eres el tendón. Eres la fibra misma que hace de este país lo que es”, enfatizó, hablando de Beau y, por extensión, de todos los uniformados Veteranos.

El reto de convertir las leyes en votos

Ahora mismo Biden tiene por delante el retorno de informar a la ciudadanía de estas normas, que todas tienen sus plazos y sus tiempos de aplicación. Su meta es informar al país de lo hecho y prometer que se hará otro tanto. Las elecciones de mitad de mandato están a la vuelta del otoño y hoy los datos para los demócratas no son buenos, pero los analistas locales escuchan que una buena pedagogía, sumada a los problemas de Trump – siempre que no pueda darle la vuelta como a una calcetín haciéndose el mártir-, puede hacer que los demócratas mejoren sus datos.

Segundo cinco treinta y ocho, el portal que recopila todas las encuestas de la prensa, los centros demoscópicos y las universidades de EEUU, ahora mismo la previsión es un práctico empate técnico en la Cámara Baja (que se renueva por completo) y una victoria republicana en el Senado (que reapareció en parte). No son unas elecciones presidenciales, es hábito que se acabe castigando al partido en el Gobierno federal, una manera de meter presión o de pedirle más al presidente, y de ello depende que Biden tenga colchón para sacar adelante sus propuestas o que no le salgan las cuentas y el mandato, legislativamente hablando, llegue casi a su fin.

Ahora, muy poca popularidad, Biden se está recuperando. Los medios de las últimas sondas indican que el 42,4% de los ciudadanos aprueba su gestión, cuando en el pasado invierno no pasó del 30%. Tras su victoria electoral en noviembre de 2020, el pico de popularidad había llegado al 60%. No obstante, siendo más los norteamericanos que aún desaprueban su gestión, 53,4%, un dato que tiene mucho que ver con el descontento por la subida de precios.

En un mes, Biden ha registrado el número de críticas en 5 puntos, lo que no está nada mal. Si esa mejor es sostenida y las leyes calan, ¿podría haber sorpresa en noviembre? Los ciudadanos lo dirán.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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