‘La vida real está en otra parte’: Godard a través de Pierrot le fou

by Ehsan

‘La vida real está en otra parte’: Godard a través de Pierrot le fou

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Grafiti de Jean-Luc Godard, rue Villeneuve, Montréal.  <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Godard_pochoir.jpg" rel="nofollow noopener" cible="_Vide" data-ylk="slk : James Stencilowsky, via Wikimedia Commons" classe="lien ">James Stencilowsky, a través de Wikimedia Commons</a>, <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/4.0/" rel="nofollow noopener" cible="_Vide" data-ylk="slk:CC BY-ND" classe="lien ">CC BY-ND</a>» src=»https://s.yimg.com/ny/api/res/1.2/6EefrToqdTN1O_7zUIYX3g–/YXBwaWQ9aGlnaGxhbmRlcjt3PTk2MDtoPTcyMA–/https://s.yimg.com/uu/api/res/1.2/iNfrHQqoOGr22nfCNa69kw- -~B/aD0xMDgwO3c9MTQ0MDthcHBpZD15dGFjaHlvbg–/https://media.zenfs.com/es/the_conversation_espa_a/0988cdc0a35603d8c8ebc5e555137401″ data-src=»https://s.yimg.com/ny/api/res/1.2/6Eefr71-UITYNg /YXBwaWQ9aGlnaGxhbmRlcjt3PTk2MDtoPTcyMA–/https://s.yimg.com/uu/api/res/1.2/iNfrHQqoOGr22nfCNa69kw–~B/aD0xMDgwO3c9MTQ0MDthcHBpZD15dGFjaHlvbg–/https://media.zenfs.com/es/the_conversation_espa_a/0988cdc0a35603d8c8ebc5e555137401″/ ></div></div></div></figure><p>Hay películas que encarnan el malestar de una generación, así como una filosofía de vida.  Quiz uno de ellos sea <em>Pierrot el fou</em>dirigida por el excéntrico y subversivo cine new wave Jean-Luc Godard.</p><p>En una de las escenas, durante una fiesta de la burguesía parisina, las conversaciones giraban en torno a la actuación del último modelo de automóvil o la maravillosa calidad de los tónicos caporales.  El tedio es sólo proporcional a la superficialidad y artificialidad de los personajes que muestra Godard.</p><p>Sabemos que lo que poseemos acaba por poseernos.  No es extraño que Pierrot acabe por afirmar que el mundo está lleno de cretinos.  Incluso el mismo reconocía que podía ser uno de estos idiotas al mirarse al espejo.  ¡Nadie es una salva!</p><h2 id=La prisión de la irrealidad falseada

Godard expresó el descontento de quien se siente preso de los raíles pautados de nuestra sociedad. El hastío de una vida fosilizada en los estándares del consumo es lo que hace que tanto Pierrot como Marianne, otra de las asistentes a la fiesta, escapada de ella.

Al final de cuentas, «la vida real está en otra parte», alejada de esa vida ilusoria del espectáculo y las apariencias, tan artificiales y falsas como las concibió Guy Debord en su ensayo La sociedad del espectáculo.

Pero… ¿dónde podemos hallar la vida real?

Desde luego no la hallaremos en ese espectáculo descrito por Debord, que no es sino “una relación social mediatizada por imágenes”. En este mundo espectáculo, cada cual ha de exhibirse ante los demás e incluso ante sí mismo, como si fuera una mercancía más en el escaparate del prestigio y reconocimiento social.

Somos más que un paraíso artificial, como le gustaba decir a Baudelaire. Los ciudadanos dóciles «somos vividos» por el entramado social y el imperativo economicista de las obligaciones y deberes. ¡Pero siempre bajo la ilusión de tomar cada uno sus propias decisiones y ser libre!

Sin embargo, Pierrot and Marianne quieren vivir, y no simplemente plegarse a los falseamientos de la vida social de su tiempo. Desean despertar a la vida, porque como observó Debord,

En esta vida-espectáculo, el ser humano parece ser postumo en vida, disuelto en una cómoda anestesia que hace que el tiempo no sea más que tiempo muerto. Véase la imagen poética de la monotonía que dejó nuestro poeta Cavafis:

Pero Godard hemos sentido que es preferible vivir sin rumbo fijo a la inercia de vivir cómodamente y totalmente predecible. Es una forma de recuperar nuestra vida como lo que nos pertenece, y nuestro tiempo como nuestra posesión más valiosa.

El filósofo Carlo Michelstaedter también llamó a poseer nuestras propias vidas:

«La vida es un misterio nunca resuelto»

Godard y Pierrot se rebelaban contra este hastío vital. ¡No es forma de vivir, sino más bien es sobrevivir! Además de las frases de la película, escuchamos que «la vida es un misterio nunca resuelto». Pierrot and Marianne huyen de las certezas que congelan los sentimientos, suprimen lo espontáneo y anestesian los sentidos.

Godard proponía no sólo una crítica de los prosaicos estilos de vida hegemónicos, sino una manera de vivir diferente, basada en la libertad de lo inesperado y lo espontáneo. Si la vida real no está en la anodina vida cotidiana de las convenciones sociales, quizás sea en el arte y en la literatura donde podamos encontrar brújulas certeras para levantar anclas. ¡La vida real ha de guiarse por las peripecias novelescas! ¡Aunque nos perdamos o, precisamente, porque nos perderemos en el camino!

Durante el film, son incontables las referencias al arte, a seguir los pasos de Jules Verne, de Robert Louis Stevenson o los de Arthur Rimbaud, quien hizo de su vida una auténtica obra literaria.

Muchos de los capítulos de Pierrot el fou titular Una temporada en el infierno, como una de las obras de Rimbaud. Y como el poeta, nuestrosaventureros abandonan las comodidades de un estilo de vida consumista y vacío para adentrarse en una vida atribulada, aunque sea como insólitos traficantes de armas. Es como si hubieran elegido reinventar sus vidas para darles la apariencia de una novela policíaca.

En una vida corriente no hay nada que decubrir, porque la sociedad ya nos dicta lo que debemos o no debemos hacer y despeja cualquier incógnita. Terminamos representan un papel estereotipado y totalmente predecible. Es que Raoul Vaneigem señaló un propósito de su tratado para saber vivir:

vivir de forma sencilla

Frente a la pasividad de quien se deja llevar, Godard, Pierrot y Marianne deciden emanciparse del tedio y los roles que causan infelicidad. El resultado es una película irónica, caótica y disparatada, que no deja de sorprender desde el principio hasta el último auge final. Quizás sea la única manera de recuperar la belleza de las cosas y el ansia de vivir. Es el impulso vital que llevó a Arthur Rimbaud a huir de las convenciones de una sociedad que le hacía caer en el marasmo, como leemos en Una temporada en el infierno:

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Leah el original.

Antonio Fernández Vicente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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